“Scholas intuye que de eso se trata educar… Una educación que nos abre a lo desconocido, que nos lleva a ese lugar donde todavía no se dividieron las aguas, para desde allí soñar nuevos caminos”

Papa Francisco

Enseñar en la fragilidad del encuentro con el otro, con lo otro, y por consiguiente, con uno mismo. Con todo aquello que por ser distinto nos devuelve la capacidad de asombro. Nos abre al misterio de la vida como don, siempre naciendo; justo antes de dividirse los discursos, los proyectos, las culturas. Creemos que desde allí, sólo desde el origen, comienzan a vislumbrarse otros rumbos… Es en el silencio donde nace una palabra, y es esa palabra capaz de configurar un nuevo mundo.

Scholas intuye que de esto se trata enseñar para la vida.

Escuchar, crear y celebrar

En lugar de percibir la realidad rigiéndola por nuestros intereses, la escucha suelta las ataduras de la propia voluntad y se abre para dejar que la vida le revele su sentido.

Primero será necesario dejar que las cosas se digan en uno y, desde esa conmoción, sea uno el que diga las cosas. Si la escucha es a la vida que llama, crear es la respuesta.

Celebrar, finalmente, es la forma humana de agradecer la existencia. En el fondo la vida es siempre un don, y el “gracias” será por, y a pesar de todo.

Juego

Arte

Pensamiento

El juego, el arte y el pensamiento constituyen el lenguaje educativo de Scholas; con el que aprender a escuchar, crear y celebrar la vida. Entrañan la fragilidad de asomarse al misterio y la creatividad de expresarlo. Es decir, logran percibir la vida en su estado original y envolverla en el lenguaje que nos enseñará un nuevo mundo.

SER, HACER, TENER
Educar en la pregunta original… ¿Quién Soy?

Nos enseñaron que debíamos tener (conocimientos, herramientas, competencias) para salir a hacer (producir, demostrar, hacerse un lugar entre los demás) y al fin llegar –reservado sólo para algunos– a ser, “ser alguien en la vida”.

Scholas rompe con esta lógica educando en la escucha del ser, de eso único y por tanto bello de cada uno y de todo. Así, el hacer se vuelve responsable, respuesta al llamado, expresión de uno mismo, creación. Y por último, celebrar un tener que corresponda con quien soy y, por lo tanto, no necesitará más, ni menos.

¿Quién soy? Soy creación, soy único, sin necesitar demostrarlo, sin merecerlo, sin fabricarlo. Hubo alguien que me escuchó, percibió mi particularidad y la nombró, llamándome a expresarlo, a manifestarlo, a ser responsable con la vida. Vale la pena todo esto… vivir cobra sentido.

¿Estás dispuesto a crear, escuchar y celebrar?